PEÑA TAURINA GIJONA

PEÑA TAURINA GIJONA

7/08/2011

SOKAMUTURRA BILBAO VAQUILLAS


En el archivo municipal de Bilbao situado en el ayuntamiento hay un fondo gráfico derivado del Museo Vasco. Llevaba 37 años  esperando a que un taurino  interesado en que no se pierda la tradición de la sokamuturra lo consultara. En su interior se guarda un auténtico tesoro para los aficionados a los festejos taurinos populares. Es el fondo de La Gaceta del Norte, y del propio Ayuntamiento de las sokamuturras y sueltas de vaquillas de La Aste Nagusia que se recuperaron en 1978 con un concurso de ideas y que duraron hasta 1997. Una amable funcionaria me obligó a usar unos guantes blancos de investigador para tocar con mis manos las más de 1500 fotografías originales la mayoría en blanco y negro  que  reflejan la alegría y la diversión de la juventud bilbaína de la época en torno rito ancestral de soltar un toro por la calle y burlar sus embestidas, de jugar con el toro como se ha hecho toda la vida en Euskadi.



–Pero si yo recuerdo cuando era más joven en Legutiano y se metía la vaca dentro del bar, ¡qué miedo pasaba!, y en Ochandiano todavía se hacen. -Dijo Itziar la funcionaria.
- A ver si voy a estar yo en las fotos, que en fiestas de Bilbao no nos íbamos a casa hasta después de las vaquillas.
-En mi pueblo también se hacían. -Dijo otra investigadora de al lado. -Eran en fiestas de Ciérvana y se hacían en la playa de La Arena, que muchos piensan que pertenece a Muskiz pero la mitad es de Ciérvana, y la vaca se metía dentro del mar.
-Si en el mío también. -Respondí. -Si mis amigos y yo ibamos a vaquillas en Romo, en la plaza de Las Escuelas de las Arenas y en la playa, en La Txopera de Lamiako, en Azeta-la Paz (Portugalete ), en Axpe-Udondo , en Baracaldo, en Zorroza, en Sopelana, encierros en Portugalete, y en Algorta. Si yo tenía 7 años y rebuscaba en los periódicos donde las había, y pedía permiso a mis padres para ir con los amigos del colegio  a todas  las vaquillas de los alrededores. Le preguntaba al ganadero, el mítico Asensio Artetxe, el de la camisa de cuadros y el dulce olor a vaca  que llegó a soltar 14 sokamuturras el mismo día donde iba a ir al día siguiente y le seguía. Si todo ha desaparecido, si  cada vez que voy a una sokamuturra recuerdo mi infancia con nostalgia porque sé que no va a volver. Si  estoy cansado de que  quiten los festejos, de que  me quiten mis recuerdos, por eso busco las fotografías, porque la sokamuturra me hace feliz como un niño, porque me busco en ellas y no me encuentro, si había  en cada barrio de cada pueblo.
La jefa del archivo me dejó helado cuando me dijo que no podía hacer fotos con el móvil, y que cada foto que sacara me costaría 2 euros, a ingresar en las arcas municipales, así que sólo rescaté unas pocas, 40 euros me clavaron, con la ilusión de publicarlas y que sirvieran para ver las vaquillas en la programación de las fiestas.
(Estas fotografías pertenecen al archivo municipal de Bilbao y tienen derechos de autor)



Pero todos los esfuerzos de este 2016 fueron en vano. La excesiva regularización de los festejos motivada por algún desgraciado accidente, el desorbitado precio de los seguros, el papeleo que desespera a las comisiones de fiestas, la incoherencia de los políticos , la crisis, y los animalistos quieren dilapidar nuestra identidad. Como si los ganaderos de bravo vascos, herederos de una tradición que viene de siglos atrás, no cuidaran a sus animales después de cada festejo, y no  pagaran los piensos, los seguros, los autónomos, las facturas del veterinario, las fincas, el gasoil…etc.
 Eran las vaquillas uno  de los festejos populares favoritos de los bilbaínos  más multitudinarios y participativos de las fiestas. Ya se ha escrito mucho sobre ellas, pero para la comisión  taurina que decide que haya vaquillas són  pocas. Después de que se consiguieran recuperar con muchísimo esfuerzo en 2014 cuando había que apostar por su continuidad para ir llenando el graderío los regidores dieron un paso para atrás con la excusa del cambio en la comisión. ¡¡Milagro que hubiera tanta gente en el ruedo, y en los tendidos, y a 5 euros!! 18 años sin vaquillas son muchas generaciones de chavales sin sentirlas como suyas. Resulta paradójico que justo al lado de la sala donde se toman las decisiones municipales de quitarlas o ponerlas se encuentren estos documentos. Algunas de las instantáneas ya las habían publicado los diarios de la época, pero eran muy difíciles de conseguir: La sokamuturra infantil en la Plaza Nueva, las sokamuturras matutinas multitudinarias en el Arenal, las sueltas de vaquillas en la plaza de toros, en sus alrededores, los trompazos y las cogidas, concursos de recortadores con anillas,  las becerradas de las comparsas que daban el pistoletazo de salida a las fiestas. Hay una de un comparsero de Txomin Barullo disfrazado de gigante y con zancos jugándose el tipo y la estabilidad delante de la vaca buenísima, y otra de cuando la vaquilla no quería entrar en los corrales y en lugar de cabestros, muy caros y que venían de fuera se utilizaba un burro forrado con sacos de tela para atraer la rés a los toriles, como se hacía en los pueblos cuando se iba a los montes a por ellas. Quiso el destino que la encerrona de Fandiño en Bilbao del 2011 me dejara con ganas de ir a las vaquillas de Eibar al día siguiente, y que casualmente hablara con Asier Arrizabalaga y su padre. Ya había creado el perfil de “Sokamuturra en Bilbao” de facebook con la idea de recuperar las vaquillas poniendo fotos del pequeño archivo que guardaba como aficionado desde niño, pero gracias a la colección particular de recortes de periódico de los ganaderos de Marqués de Saka que amablemente me dejaron la difusión vía internet llegó a su destino y casi sin esperarlo a los 3 años de colgar fotos llegó la recompensa, volvían las vaquillas a Bilbao, la alegría fue indescriptible, sólo hay que soñar para conseguir lo que uno quiere. ¡Cómo disfruté!. Pero esto del toro es como una montaña rusa y ahora nos encontramos otra vez en la misma situación ¿Volverán las vaquillas a Bilbao?





















.Vizcaya ha perdido más de 50 festejos en los últimos 20 años.La base de la tauromaquia son los festejos populares, donde se hacen nuevos aficionados. Bilbao puede y debe consolidar las vaquillas en la plaza de toros, como un ejemplo para toda Vizcaya.

Sin embargo, la venta de entradas no
ha sido el motivo por el que las vaquillas no correrán
por la arena de Vista Alegre. El cambio de Corporación
en el Ayuntamiento hizo que los miembros de la junta de
administración de la plaza de toros cesaran y la nueva no
 se constituyó hasta julio. «Se ha debido a un vacío de poder»,
 explica Juan Manuel Delgado. Él es uno de los miembros
de la nueva directiva, formada también por Antón Taramona,
 el alcalde Juan María Aburto y los ediles Ricardo Barkala,
Tomás del Hierro y el socialista Alfonso Gil.
Al menos un año más
«No ha habido tiempo suficiente como para abordar el tema y 
nadie podía tomar esa decisión», asegura Delgado. Aunque la 
ausencia de la cita matinal en la plaza de toros ya está confirmada, 
no se descarta que el año que viene la Semana Grande cuente 
otra vez con este espectáculo. «Se debatirá su posible vuelta 
para la próxima edición», apunta la Junta de la Administración.
 Tras casi dos décadas sin que Vista Alegre tuviese actividad 
por la mañana en Aste Nagusia, los valientes con ganas de 
correr delante de las reses tendrán que volver a esperar. 
Se hacen de rogar, al menos, un año más. 






Deba. Resulta fácil pensar que el secreto de las vacas de la ganadería Marqués de Saka radica en ese remanso de paz que las rodea, entre viñedos de txakoli y manzanos destinados a hacer sidra, arropadas por treinta hectáreas de hierba donde pacen, tranquilas, con vistas al Cantábrico. Su dueño sostiene que no, que el único secreto es «dedicarles mucho trabajo». Lo dice mientras observa las campas de Deba, el restaurante, la plaza para las capeas –que en breves hará más grande–, la casa rural. «Todo esto lo hemos hecho nosotros». Asier Arrizabalaga no es mucho de creer en casualidades. La suya es la ganadería más antigua de Euskadi después de que se la comprara a Axenxio Artetxe, que se jubiló siendo uno de los últimos ganaderos guipuzcoanos de reses bravas. Con Arrizabalaga se abre un «nuevo ciclo» ahí arriba, rodeado por las laderas de Lastur y entre briznas que miden palmos. Donde se respira pureza.
«Miren y él fueron como mis padres». Recuerda Arrizabalaga que, con sólo doce años, empezó a trabajar para los Artetxe, igual que su aita. «No quería seguir nadie de su familia y les dije que lo hacía yo. Y entonces llegó el verano y prohibieron las vaquillas en Bilbao». Demoledor. Nunca se olvidará de aquel 97. «Pasó así». Ahora le ha tocado a él inaugurar las fiestas, 17 años después, porque «si no voy yo, ¿quién va a ir?». No quiere dejar nada al azar, menos aún la selección de los ejemplares que pisarán Vista Alegre. La responsabilidad es grande. «La primera vez que fui a Vitoria no dormí de los nervios. Con 7.000 personas, si sale mal, todas pitan. Y aplauden si sale bien. En Bilbao, ya veremos».
vacas2
– ¿Tampoco dormirá?
– El primer día fijo que tampoco.
Tiene 150 cabezas de ganado y traerá en agosto a la villa una docena, que decidirá «en el último momento. A ojo». Pero es ojo sabio, experto en referencias. Sabe cuál correrá en cada pueblo y, seguramente, si cumplirá, porque las ve venir. Y todo depende de cómo se porten en los festejos que preceden a la gran cita. «Este año es el primero, tendrá que haber de todo: mansas, guerreras, que peguen poco o mucho, pequeñas y grandes… A Bilbao no puedes llevar una res de 15 años, hay mucha gente». Y le entra un poco el miedo «de que no salgan recortadores. Lo importante es que no hagan daño y que la gente disfrute». En eso confía, «en que haya menos borrachos y más corredores».
Lo dice mientras deshace un par de candados y abre la verja para descubrir algunos de sus ‘tesoros’, en estado de reposo. Él se les acerca con naturalidad pasmosa. Después de tanto tiempo entre ellas, las vacas le infunden cualquier cosa menos temor, y se las conoce al dedillo. Las que protagonizarán las sokamuturras de Aste Nagusia son descendientes de una casta que ya pasó por Vista Alegre, y todavía le quedan dos vacas de Axenxio. La hija de ‘La dieza’, su preferida. «Hamarra –bautiza fortuitamente–. ¿Buena vaca? Es joven todavía». Para serlo tiene que ser brava. «Pegar hasta el final, hasta arriba. Esa es la buena».
– ¿Y eso cómo se consigue?
– Viene por naturaleza, como en las personas. Algunas son vagas y otras no –bromea–. Puede que esté en los genes también. El toro, igual que la vaquilla, tiene que ir de aquí a allá, arrancar de punta a punta y pegar hasta el final, hasta arriba. Esas son las bravas», explica mientras desenfunda el móvil y repasa una galería de vídeos de becerras y recortadores. En su vocabulario particular, la bravura tiene cuatro patas y un hocico, sube escaleras y baja obstáculos, salta barreras y vallados. «Y siempre, siempre llega hasta el final».
Pero si hay un medidor de osadía –audacia, ferocidad o arrojo– es la raza. La casta. Confiesa que es otro de sus secretos. El ganado de Artetxe fue (y es) navarro. Sus descendientes, las de Arrizabalaga, siguen la línea pero con sementales y vacas criadas «en casa». Guipuzcoanas. «La sangre tiene que ser buena. Algunas corren cinco pueblos y dejan de pegar, éstas aguantan hasta 50, pero hay que seleccionarlas: lo bueno lo dejamos, lo malo lo apartamos». La que se detiene en mitad de la plaza, esperando recortador, no es buena para él. Tiene que salir en su busca. «Antes, la vaca esperaba y la gente se acercaba. Y al borracho le pillaba. Pero se tiene que mover. Ahora no hay tanto bebido y una vaca parada en mitad de la plaza hace feo. Yo busco movilidad».
Puede que las suyas se las sepan todas. Han trotado en Vitoria, Tarragona, Valencia, Tolosa… Han recorrido más de 200 pueblos, pero no han pisado Pamplona en San Fermín. Ni falta que hace. «He llegado a vender vacas mías y verlas correr en Sanfermines. Pero hay demasiada gente, por eso no las llevo. Ahí los animales sufren». Prefiere no hacerlo antes que se queden cojas, porque lo primero son sus vacas.
«Oit, oit, oit, oit. Trrmeé, areviií…», las llama –con onomatopeyas que resultan indescifrables para cualquiera ajeno a ese mundo–, para que no se asusten. Lagun, un fiel ‘border collie’, no se separa de él. Las vacas pastan tranquilas. «Me hace ilusión ir, la verdad. Toda la vida, de siempre, la plaza más importante era la de Bilbao. Y durante toda la semana. Primero en El Arenal, y corriendo para arriba –recuerda–. Estaba a rebosar. Por eso es importante que ninguno se haga daño el primer año. Porque si no, las volverán a quitar». Pero eso, dice, no es lo peor. Los ganaderos lo tienen difícil por motivos que van más allá del ámbito legislativo –«en Euskadi ponen muchas pegas»– y entran en el terreno generacional. «La gente ya no hace gaupasa como antes, y espera a ver las vacas a las ocho de la mañana. Ahora hay muchos que no conocen eso, no lo han visto nunca. No han vivido las vacas bravas. Recuperar eso –reflexiona– va a ser complicado».



LAS sokamuturras y vaquillas siempre han estado presentes en la historia de las fiestas de Bilbao. Hay grabados que muestran estas sueltas de vaquillas en el entorno de San Antón, cuando esa zona era el centro neurálgico de la villa. Por eso, cuando en 1978 nace Aste Nagusia, fue uno de los eventos que se incluyeron en el programa. La suelta de reses ensogadas se celebraban todas las mañanas, a primera hora y nada más tirarse el txupin: a las 7.00 horas, la de adultos; una hora más tarde, la de los niños y jóvenes, y a las 9.00, todos a la plaza de toros a las vaquillas. “Era uno de los actos que enlazaba el día con la noche para conseguir que Aste Nagusia fuera, realmente, una fiesta de 24 horas”, recuerda Fernando Toja, comparsero de Hontzak.
Durante los primeros años de fiestas, Aste Nagusia fue una semananon stop. Los fuegos se disparaban al filo de la medianoche e incluso se programaban sesiones de cine al aire libre a una hora tan intempestiva como las 4.00 de la madrugada, cuando terminaban las verbenas, sobre una pantalla que se colocaba entre las calles Fueros y Correo. Con ese mismo espíritu, la sokamuturra abría el programa festivo de cada día en El Arenal. Se recuperaba así también una tradición con amplio arraigo en la villa, otro de los elementos que se tuvo en cuenta a la hora de poner en marcha esas fiestas populares. “Me pasé muchas horas en la biblioteca leyendo a todos los que habían escrito sobre tradiciones de Bilbao. Muchas de las cosas que se programaron eran actividades que tenían su fundamento”, recuerda Marino Montero, que fue miembro de aquella primera comisión de fiestas que quedó en manos de la iniciativa popular, sin representación popular y en la que también participaron Nacho de Felipe o Karmelo Landa, entre otros. Aquel primer año se gastaron 215.861 pesetas en las sokamuturras dentro de un programa en el que se invirtieron 8,4 millones que destinó el Ayuntamiento -reservadas en un principio a comprar entradas para los toros- y otro millón que se consiguieó a través de patrocinios. Con todo, al final resultó incluso un superávit de 439.082 pesetas, que se destinaron a reparar el Gargantúa y a dar forma a nuevos gigantes y cabezudos.
UN ACTO MULTITUDINARIO Era todo un acontecimiento que reunía cada mañana a cientos, quizá miles de personas; muchos a correr delante de las vaquillas, pero la mayoría a contemplar el espectáculo de carreras y revolcones. “Junto a los fuegos artificiales, durante los primeros años era el gran acto del día”, rememora el comparsero. Fernando Toja no se perdía ni un solo día la suelta de vaquillas ensogadas que se hacía en El Arenal. “Algunos nos acercábamos más y otros, menos. Era lo que hilaba la noche con el día, como ocurre con el encierro en San Fermín. Había gente que se levantaba expresamente para la sokamuturra y otros que terminaban la noche con ella”, coincide. Se soltaban varias vaquillas, una detrás de otra, y, aunque el recinto estaba vallado, pocas veces aguantaban tanto las carreras como la aglomeración de espectadores.
Tal fue el éxito de la actividad, que también se programó para los carnavales. Desgraciadamente, aquel primer año se vio ensombrecido por un triste suceso en la sokamuturra. Un joven de 25 años falleció al desplomarse la marquesina en la que se había encaramado el público para seguir el espectáculo. Tanto las comparsas como la Comisión de Fiestas enviaron ramos de flores e incluso en la plaza de toros se guardó un minuto de silencio en su memoria.
Toja atesora más de una anécdota. El protagonista fue un fotógrafo de prensa, que vio en la sokamuturra la foto de su vida. “Se soltó la valla, todo el mundo echó a correr y él estaba con el trípode. No se movió del sitio y salieron volando fotógrafo, trípode...”, relata. La segunda no la presenció en primera persona, “con lo cual no sé si es verdad, pero yo creo que sí. Fue en carnavales: una vaquilla se soltó y casi entró en el bar El Tilo, que estaba en ese momento lleno de gente desayunando. Todos corrieron a refugiarse al fondo del local y una mujer se subió a la barra. Subir, subió, pero a bajar la tuvieron que ayudar”, ríe.
La sokamuturra se mantuvo en el programa hasta el año 91. “La normativa de seguridad, cada vez más restrictiva, hizo que se acabara por no programar”, apunta Montero.
CHOCOLATE CON CHURROS Para la suelta de vaquillas, el escenario se desplazaba hasta la plaza de toros de Vista Alegre. Fue el único acto de las Bilboko Jaiak de 1980 -que organizó el Ayuntamiento en solitario después de desavenencias con las comparsas y que pasarán a la historia por el ¡Felices Pascuas! que deseó el alcalde Castañares desde la balconada del edificio consistorial- que se mantuvo en el programa los años posteriores. También en Vista Alegre los llenos eran absolutos todos los días, tanto en la primera suelta, para adultos, a las 9.00 horas, como en la infantil, una hora después. Los asistentes solían tomar un chocolate con churros, que se vendía en la propia plaza, y todo el espectáculo estaba amenizado por un speaker.
Las vaquillas se suprimieron del programa en 1997. Los últimos años se había empezado a cobrar entrada a la plaza de toros, lo que restó asistentes a un espectáculo que había sido también de los más numerosos. El año pasado se intentó recuperar esa tradición, programando tres días de suelta de reses en Vista Alegre, incluyendo pruebas del estilo de Grand Prix, en las que podrían participar grupos y cuadrillas de amigos. Sin embargo, la propuesta no terminó de cuajar y este año la que fuera en otros tiempos multitudinaria actividad no ha repetido en el programa.












Fotos Borja Agudo (El Correo)

























22,23,24 de agosto 2014 8:00






Ya es oficial .Este 2014 vuelven las vaquillas a Bilbao después de casi 17 años. 3 años reclamándolas por internet, y otros tantos soñando con su vuelta. Esperemos que sean un éxito de público, que no haya percances graves y que vuelvan todos los años como era tradición. Ha sido un trabajo en equipo.Eskerrik asko.








Litografía del genial artista vasco José Arrué 1905 de una sokamuturra en las calles del Casco Viejo de Bilbao

Después de más de 30 años la sokamuturra volvía a Bilbao, y claro, 
la gente ya no se acordaba de correr.

Esperando la sokamuturra en la semana Grande del 78 fotos agencia EFE
                                    sokamuturras del año 82



Serie de fotos de los distintos periodicos de la época coleccion de los hermanos Arrizabalaga (sakabaserria) 
















ESTA ENTRADA TIENE COMO  OBJETIVO DIVULGAR Y RECUPERAR LOS FESTEJOS TAURINOS POPULARES DE BILBAO COMO PARTE DE LAS FIESTAS Y EN ARMONIA CON LAS CORRIDAS DE TOROS.

 AGRADECIMIENTOS:A LA FAMILIA ARRIZABALAGA, PROPIETARIOS DE LA GANADERÍA DE MARQUÉS DE SAKA, QUE HAN CONSERVADO LA MAYORÍA DE ESTAS IMÁGENES DURANTE MÁS DE 30 AÑOS , Y A TODOS LOS FOTÓGRAFOS DE LOS MEDIOS DE BILBAO DE LA ÉPOCA, RUIZ DE AZUA,J.A.MARUGAN,ELOI MTNZ,MAITE J.I.FNDZ, LONTXO SAINZ, JOSERRA BLASCO, MARIAN JAUREGUI, RAMON BERNARDO, TXEMA URCELAY, J.L.NOCITO, ELVIRA ALAVA,J.ORTUZAR,....ETC
SI SE PUEDE!











Bilbao ha tenido desde tiempos inmemoriales festejos taurinos populares en sus calles.

Primero eran en los alrededores de la iglesia de San Antón,

y en las calles de Casco Viejo.



En 1978 se recupera la sokamuturra para las fiestas  en el Arenal.El llenazo es brutal.









Se dan festejos simultaneos en la plaza de toros y se llena todo.

En la Plaza Nueva, se hacen sokamuturras infantiles.



Finalmente se pasa la sokamuturra a los alrededores de la Plaza de Toros



para terminar dando vaquillas solo en su interior. Durante los 9 dias de las fiestas se celebraban sueltas de vaquillas por las mañanas, como algo natural que vives desde la infancia. Incluso en el año 1979 se celebró sokamuturra durante el carnaval de Bilbao como en Tolosa o Azpeitia.
1998 fue el ultimo año de vaquillas.¿por qué se dejaron de dar?

En la década de oro de los años 80  estos espectáculos se celebraban en casi todos los barrios de Vizcaya. Localidades como Barakaldo Bermeo Lekeitio Basauri Gernika Sopelana,Algorta Romo,Las Arenas,Azeta,Lamiako,Zorroza,Trápaga,Muskiz etc tenian sokamuturra. Hoy apenas queda nada. El Ayuntamiento y la Junta Administrativa  de la Plaza deberían reconsiderar recuperar  la sokamuturra, primero porque es una tradición vasca y de Bilbao, segundo porque hace nuevos aficionados, tercero porque Bilbao es una referencia para toda Vizcaya, y si se recupera la tradición en Bilbao otras muchas poblaciones irían detrás, y cuarto porque a los detractores no hay que darles ni agua. Es lamentable comprobar como se pierden las tradiciones y la cultura de los pueblos. No se dan cuenta que llevan 17 años sin sembrar Bilbao de nuevos aficionados y eso se nota en la plaza.


1930 EN LA PLAZA DE SAN ANTON dibujo de José Arrué.




1940 DIBUJO DE JOSÉ ARRUÉ



MINUTO 14 Y 48 SOKAMUTURRA EN BILBAO.CÓMO SE PUEDE PERDER ESTO!




1978 SE RECUPERA LA TRADICIÓN VASCA DE LA SOKAMUTURRA EN BILBAO CON GANADO DE ASENSIO ARTETXE DE DEBA GIPUZKOA, TRADICIÓN QUE SEGUIRÍA VIGENTE ININTERRUMPIDAMENTE HASTA 1998.20 AÑOS DE EMOCIONES EN LOS QUE LA SOKAMUTURRA ERA LA PROTAGONISTA DE LAS FIESTAS DE BILBAO Y OCUPABA TITULARES EN TODOS LOS PERIÓDICOS.






noticias de gipuzkoa
AXENXIO Artetxe vive en Deba con su esposa Miren, en una casa magnífica, en la zona de Lasao con su huerta, toda la tranquilidad del mundo y a 300 metros de la playa. A las ocho de la mañana se baña en el mar, pasea con sus amigos, discute con ellos sobre lo divino y lo humano pero… la cabeza la tiene allá arriba, en las laderas de Lastur.
Se jubiló hace unos años, pero sus toritos, el monte y el ajetreo del ganado bullen en su cabeza desde que se despierta temprano hasta que se acuesta por la noche. Genio y figura. Su esposa Miren, por mucho que se empeña en marcarle el camino, pierde la batalla y se desespera. Escribía Quevedo aquello de "érase un hombre a una nariz pegado": algo así puede decirse de Axenxio y su apego al ganado bravo.
Han sido muchos años, toda una vida de ir y venir por los pueblos de Euskal Herria y zonas limítrofes. Axenxio mantiene su orgullo de ganadero, del hombre que ha sabido ser el alquimista que ha logrado, con nueva savia, perpetuar una casta hecha ad hoc para las fiestas de los pueblos. Antes fue su padre Antonio, el auténtico Marqués de Saka, quien inició esta historia ganadera y, claro, de casta le viene al galgo.
La mirada y pensamiento de Axenxio están en Izarraitz, en sus empinadas laderas donde, desde tiempo inmemorial, pasta el ganado bravo. Los vascos han convivido con los toros desde siempre, secula seculorum, y han jugado con ellos con quiebro, recorte, mancornándolos o, simplemente, corriendo ante ellos.
Axenxio ha sabido llegar a la casta de toro que quería. Cubrió vacas con toros de Miura, Vitorino, Casta Navarra… hasta dar con lo que buscaba, el toro listo y acometedor para jóvenes ágiles y valientes. Ahí es cuando al ganadero, corriendo toros por los pueblos, le afloraba una pícara sonrisa a sus labios pensando en "qué buen toro es este". Recuerda con orgullo un 25 de julio de 1978, en el que echó ni más ni menos que 16 sokamuturras en otras tantas localidades de Euskal Herria. El toro bueno es, según su opinión, "el toro que coge a la gente que se pone delante, porque esa es su obligación; y la del torero y los jóvenes que salen a la plaza es sortear sus embestidas". Los toros han vivido ahí, en sus montes, y lo siguen haciendo aunque para Axenxio sea una especie de golosina prohibida, algo inalcanzable, un caramelo envuelto en su papel de celofán. No, no. A este hombre no se le ha perdido nada en las calles de Deba.
Coincidí con él en un paseo por la Alameda que discurre junto a la ría. "Yo tenía que estar allí, allí arriba, pero…", ese fue su primer saludo. Al hablar sobre Lastur le brillaban los ojos, se sentía inquieto, se rascaba la cabeza y pienso que imaginaba los prados con la hierba crecida, de verde intenso, millones de florecillas silvestres y toros y vacas pastando bajo la vigilancia de las cumbres de Andutz y Erlo. Le recordé aquello de "agua que no has de beber" y su amigo Beitia sonreía a sabiendas de que Axenxio no pasaría mucho tiempo sin subir a la montaña que le dio la vida. Arbisko Bailara, Madarixa, Lastur, Sasiola, Arriola… Seguramente ya no es lo que era, aunque todavía queden ganaderos que luchan por mantener la bravura en la tierra que les vio nacer.







                                     



                                       

                                       EN EL ARENAL






                                                 

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EN LA PLAZA DE TOROS





Sokamuturra: la pasión de participar

PACO APAOLAZA, - Bilbao - 19/08/1981 Diario El Pais

A los que no están acostumbrados, la palabra siempre les resulta difícil de pronunciar, y a la gente se le traba la lengua. Lógico. Todo el mundo, todo el mundo que no está en el ajo, todo el mundo que no vive aquí, no sabe lo que es. La palabra no tiene traducción del euskera al castellano porque es una palabra prehistórica, como zezena; es decir toro.Para entendernos, la sokamuturra es el toro ensogado, atado o enmaromado, como prefieran. y en Euskadi la sokamuturra es casi una pasión, la pasión de participar de una forma u otra en la fiesta del toro; y digo en la Fiesta como algo popular, como algo lúdico, componente sin el cual ni es fiesta ni es nada; a lo más, espectáculo, y punto

Bilbao, durante la Semana Grande, disfruta, algunos lo padecen, de la sokamuturra Se celebra a las ocho de la mañana en El Arenal, centro de estas fiestas de la Se mana Grande. La asistencia es masiva: se estima en 3.000 o 4.000 las personas que asisten, unas, para ver los leñazos que arrean las vacas, y otras. para tratar de esquivar las acometidas del animal. Pero resulta que en todos los pueblos estas vacas son más o menos pequeñas, de las que te pegan un tantarantán y te hacen un moratón; pero aquí en Bilbao tienen un respeto. ya que los heridos se acercan a la cincuentena todos los días, y algunos -ya llevamos cuatro- son de pronóstcos grave.






Sale la vaca con la soga al cuello, y la gente empieza a quebrarla o a intentar torearla, hasta que, claro, los enganchan, y al aire.Es la pasión de participar, es la pasión de jugar con el toro, costumbre tan antigua como el mundo y más en Euskadi, donde esto del toro en la calle se toma, es, como algo nuestro, muy nuestro. No importan los golpes y las cornadas; la cosa es remontarse inconsciente mente al pastor vasco prehistórico que no tenía más remedio que quebrar al toro salvaje para defenderse o comérselo


Vaca de la ganadería Marqués de Saka de Deba Gipuzkoa










Ojo con las vasquillas 08-1992
Pedro Garcia Ayesta El Correo
En la arena se ve de todo.Desde jóvenes con el pelo repeinado, recién salidos de la ducha y con las zapatillas limpias, hasta los trasnochadores con cara de cansancio, el calzado negro y llenos de kalimotxo por dentro y por fuera del cuerpo.En los tendidos, hombres mujeres y niños que dejaron la fiesta tras los fuegos artificiales del día anterior.No hay corrida, no hay corrida, ni estrellas del toreo, pero las gradas están totalmente repletas. Minutos antes del comienzo del festejo los txistularis entran en la plaza, ovación.
 A las nueve de la mañana, hora poco taurina, una vaquilla irrumpe en el ruedo.Primeras carreras y primeros revolcones.Se empiezan a oir exclamaciones:”Ayyyyy que le coge”!,y los primeros aplausos ante los recortes de algunos mozos.Mientras tanto Frankie el speaker,aquel que ganó el concurso de feos, pide al público que haga la ola.

La vaquilla recorre el ruedo con rapidez y pica ante casi todos los engaños.Los que tienen pinta de haber madrugado salen airosos de la mayoría de los lances, mientras que los trasnochadores sufren grán parte de las cogidas.Un joven que parece haberse afiliado duerante la noche a los katxis de cerveza y kalimotxo es volteado.La vaquilla le ha cambiado de posición, ha pasado de estar apoyado en la barrera a estar chupando arena.Ni se entera.

Frankie con su voz de Paco Martinez Soria avisa”Cuidado con las astas, si os coge la vaquilla poneros boca abajo” Alguno no hace caso y de defiende con los piés. Las chicas se dejan notar por su ausencia, el ruedo es emonentemente masculino.Una de las pocas por no decir la única que se atrve a desafiar a los astados es Verónica.A sus 17 años ya sabe lo que es visitar el hospital tras una mañana en la plaza”el año pasado-comenta me cogió una vaquilla y me tiró contra las tablas.Tuve durante 20 días un brazo escayolado”Este año aspira a ganar el trofeo de campeón de Vista Alegre a la mejor faena.Para ello se ha hecho con un capote y tienta al animal entre gritos de torera torera
Otra de las especialidades de alguno de los asistentes son los saltos .Frankie ya ha bautizado a uno con el nombre de el saltador.El brinco tiene su dificultad y sus peligros, sobre todo cuando dós jóvenes quieren hacer lo mismo y chocan en sus intenciones, el resultado intercambio de puñetazos y primera actuación de los chicos de la Dya.
Algunos van de despitados y a fé que lo están.Un hombre de unos 40 años y con cara de chiste pasea por el ruedo como si estuviera en el parque de Doña Casilda. La vaquilla pasa una y otra vez a medio metro y él ni se inmuta.al tercer paso revolcón.El hombre sale medio doblado, cojeando y con las manos en las costillas.a la Dya, minutos más tarde vuelve al ruedo.Un par de vueltas más y de nuevo por los aires y costalazo contra la arenaLo intenta una tercera vez pero se da cuenta de que ese no es el mejor sitio para pasear y hace mutis por el foro.
Las ovaciones se suceden Incluso para aquellos a los que la vaquilla deja con su trasero al aire o para los que pese a estar bién despiertos aseados y guapitos, ven como la vaquilla les gana en el sprint de huida. Otros no se ganan nadapese a que desde el microfono se les da mucha coba.En cuanto ven que el astado se encuentra a 50 metros salen por la tangente, es decir, corriendo al burladero.
El speaker no pierde la compostura, sigue animando a los recortadores avisando a los de la Dya de los percances, repartiendo premios y reclamando al público la ola.Todos disfrutan.El espectáculo empieza a las 9 de la mañana, pero total son solo unos días.

Una de las entradas que guardo como un tesoro.









JOSÉ MANUEL PERUJO - Bilbao - 21/08/1997 Diario El País.

Eso sí que es una fiesta. La fiesta de las vaquillas. Amanece con vaquillas en la plaza de Vista Alegre, de Bilbao. Todos los días, a las nueve en punto de la mañana, mozos y mozas bilbaínos, indígenas y foráneos, por las 300 pesetas de la entrada juegan a recortar vacas que saben latín. Una moza por cada nueve mozos, todo hay que decirlo, entre 20 y 30 años la mayoría, emulan a Don Tancredo más que a Cúchares, a cambio de luxaciones, traumatismos y hasta fracturas nasales.Diez personas de promedio, anestesiadas por el etílico de los kalimotxos, fundamentalmente, son atendidas en la enfermería por el doctor Bourio y sus ayudantes. De cada 10, diariamente recogidos por la DYA en la arena, siete se recuperan de los trompazos en la misma plaza, aunque ayer mismo tres de ellos terminaran en el Hospital Civil de Basurto.

    Las vaquillas, de entre tres y 12 años, bravas y violentas como el Cantábrico, proceden de Deva -las de Ascensio Arteche-. y de Orozco -las de Benigno Manzarbeitia- "Las traemos más que nada porque nos gusta este lío", dice Javier, el hijo del ganadero de Orozco, "medio kilo por cuatro días en la semana de fiestas no paga el esfuerzo de criarlas, entrenarlas y hacerlas profesionales".
    Efectivamente. Las vaquillas aprenden a derrotar en los muslos de la muchachada, pero evitan, listas como el hambre, las tablas del callejón. Frankis, el campeón de los feos de Vizcaya, transmite por megafonía los "susedidos" del ruedo, mientras el ex novillero Quintana está al quite por si los cornúpetas se ceban en algún caído por la fiesta.
    3.000 o 4.000 personas se dan cita en los tendidos para reír y asustarse con los resbalones y el "arte" de unos 300 "recortadores". José María Acedo y Juan Manuel Secunza se llevan al "hule" a uno de los toreros improvisados: Iñaki Lacunza, 19 años, de Iturribide, está más preocupado por el destrozo en la indumentaria que por la necesidad del mercurocromo. "Joé, la bronca que me va a echar mi madre", dice, mientras el niqui está hecho jirones. "Y menos mal que van emboladas, tú, que si no...".
    Menos mal. Cucuruchos de goma en la punta de los cuernos evitan males mayores. Y menos mal también por ellas, las vaquillas, las protagonistas. Porque una medianamente brava vale 300.000 pesetas, y la chimenea, la figura de la ganadería de Manzarbeitia, está valorada en medio millón. No más pero sí mejor que los toros de la tarde, por lo fijo que embiste. Aunque eche humo.

    1999 Los festejos con vaquillas se han reducido un 35% en los últimos cinco años

    Diario El Pais Alberto Uriona Bilbao 30 AGO 1999

    Los espectáculos con reses en las fiestas patronales de Euskadi, como las sokamuturras, vaquillas o encierros, se han reducido en más de una tercera parte en los últimos cinco años. El riesgo que entrañan y la reducción de la gran aceptación con que irrumpieron hace una década explican su disminución, a juicio de la Dirección de Espectáculos del Gobierno vasco. En Vizcaya han desaparecido más de la mitad de los festejos que se celebraban en 1995. Guipúzcoa acapara casi el 60% de los que se celebran en Euskadi.

    El Gobierno atribuye el bajón a la menor aceptación popular y a los riesgos

    En los años 80 la celebración de sokamuturras, suelta de vaquillas o encierros, que hasta entonces se limitaba a un número muy limitado de municipios y se localizaba especialmente en Guipúzcoa y la Rioja Alavesa, se extendió rápidamente por toda Euskadi. La espectacularidad de estos actos, que atraían tanto a corredores como espectadores, y su reducido coste hicieron que se convirtieran en uno de los festejos fijos, hasta acercarse a la difusión que tienen en Navarra. Guipúzcoa ha acogido este año un total de 118 eventos, cerca del 60% de los que se celebran en todo el País Vasco. Vizcaya, con la mitad de población y municipios de Euskadi, sólo ha celebrado este año 25 festejos (el 12%), mientras que Álava ha alcanzado los 63 (el 18%). Álava llegó a tener 91 actos taurinos en 1995, mientras que Vizcaya alcanzó los 62 ese mismo año. La sucesión de accidentes,  obligó al Gobierno vasco a regular el desarrollo de estos festejos. La primera norma se promulgó en 1991 y obligaba a cerrar el recinto donde se celebraban los actos taurinos, a contratar seguros y a limitar el peso de las reses. Dos años después se endureció la regulación al concretar el tipo de seguro exigido, la obligatoriedad de que la organización tuviera a tres personas como responsables del espectáculo y, además, dispusiera permanente de una ambulancia en el lugar de la celebración. Los datos de la Dirección de Espectáculos del Gobierno, el organismo que concede los permisos para que se desarrollen estos actos festivos, muestran el paulatino desinterés de los municipios. Si en 1995 hubo en el País Vasco un total 325 espectáculos -en su mayoría sokamuturras y vaquillas, y, en menor medida, encierros y suelta de reses- y en 1996 se alcanzaron los 334, los años siguientes evidencian una fuerte reducción. En 1997 y 1998 bajaron hasta la cifra de 290. Este año, cuando ya se han desarrollado la mayoría de las fiestas locales, existen permisos para 201 actos hasta el 31 de agosto. Esta cifra puede incrementarse en una veintena de festejos en los próximos meses, según calcula la Dirección de Espectáculos, lo que supondría un descenso del 35% respecto a 1995. De las tres capitales vascas sólo persisten estos espectáculos en Vitoria. Bilbao los ha eliminado este año y San Sebastián lo suprimió hace años. Alberto Sanz, director de Juego y Espectáculos del Ejecutivo vasco, no ve una única razón para la disminución de estos actos, que no se pueden celebrar entre las 22 horas y las 7 de la mañana. "No hay un único motivo", explica Sanz. "El más importante puede ser que a estos espectáculos accedieron municipios que no tenían tradición de ello. Como otras cosas, las sokamuturras y las vaquillas tuvieron su auge y ahora va decayendo. Otra posible causa es el riesgo que comporta y que los heridos que se producen se airean en la prensa y algunos municipios quizá hayan preferido por eso suspenderlos". El director de Espectáculos revela que, desde la entrada en vigor de la normativa, se ha reducido significativamente el número de heridos.



     






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