En la segunda década del siglo XX, Bembibre, Cacabelos y Ponferrada tenían plazas de toros portátiles propias.
                                          PONFERRADA
El Bierzo no es una región en la que,

 en este siglo, la fiesta de los toros tenga arraigo, pero sí lo tuvo durante siglos. Una fiesta importante no estaba completa sin la presencia de los toros. No olvidemos que la corrida celebrada en León el día de San Juan de 1144 fue una de las primeras de España, con motivo de la boda de doña Urraca, hija de Alfonso VII, con García VI de Navarra.
Pero en El Bierzo las primeras referencias las encontramos en el siglo XV, cuando en Los Barrios se documenta que la familia Ponce de León veía desde su casa las corridas de toros. Al siglo siguiente, los acuerdos municipales de Ponferrada y el Archivo General de Simancas dan fe de corridas en la Plaza de las Eras, por ejemplo el 8 de marzo de 1505: las autoridades veían los toros desde la casa de los Villamazares; y en 1527 el concejo prevé el cuidado de un toro hasta que se lidie para el próximo San Juan. En 1579, el carnicero de la villa estaba obligado a dar dos toros bravos para correr en la Plaza de las Eras el día de San Juan y en 1583 acuerdan los concejales que se lleve un toro o dos novillos, que sean buenos y “derrochones”; vamos, que lo dieran todo.
Estas fiestas se celebraban en el Corpus, San Juan, San Roque y las fiestas patronales de la Encina, pero excepcionalmente en 1707 se anuncian toros para cuando naciera el hijo o hija de María Luisa Gabriela de Saboya. Los toros eran criados por la villa en las dehesas de los pueblos bercianos de Silván, Sigueya o Ferradillo, pero también venían de los campos castellanos, la mayoría de Zamora.
En cuanto a la forma de fiesta se habla de “correr”, de garrocha, de desjarretar, de “capear”; es decir, a pie y casi siempre con novillos, de toros de “vara” y de toros de “muerte”. Estos últimos eran entregados al pueblo tras un inicial capeo.
Evolución
En 1607, el Regimiento de Ponferrada veía los toros desde dos ventanas, cosa, decían, que era insuficiente, en un festejo presidido por el corregidor, que invitaba a una libra de conserva y a vino frío a las autoridades.
Es evidente que la afición fue a más porque en el siglo siguiente, XVIII, el ayuntamiento se agrandó entre otras causas para dar cobijo a las autoridades civiles y religiosas que los querían ver desde el balcón. El resto de pudientes se situaban en los mesones de la plaza, que daban asiento para los toros. Normalmente, cuatro astados eran corridos y solo a uno se le daba muerte; uno lo pagaba el ayuntamiento y el resto, la Jurisdicción. No se mataba el animal debido a su alto precio y a los supervivientes los recuperaban para la fiesta siguiente.
La Plaza de las Eras, ahora Plaza del Ayuntamiento, era cerrada con maderas, al igual que los palenques y toriles. A mediados del siglo XVII, el rey Carlos III prohibió las corridas de toros. Cuando fueron autorizados nuevamente, Ponferrada no acogió con gran calor la noticia porque vendió los toriles, pero siguieron celebrándose fiestas taurinas.
Siglo XX
En 1653, en Bembibre se corrían los toros por San Roque. Pero cuando la suerte de lidia se consolidó como la conocemos fue en el siglo pasado. En la década de 1920, Bembibre, Cacabelos y Ponferrada tenían plazas de toros portátiles propias y en ellas se presentaron los espadas Alcarreño II y Dominguín Chico con toros de la ganadería de Heraclio Carreño de Salamanca.
La plaza de Cacabelos era propiedad del industrial José Marqués. La inauguración contó con banda de música, dirigida por el maestro Téllez, y con la presidencia de Aurorita Castaño, Elena Abella, Maruja Fernández y Nieves Santos, con la clásica mantilla, peineta y mantón de Manila. Torearon Zapaterito, Avileño y El Extremeño. En Bembibre, en 1942 se lidiaron tres becerros; corrieron a cargo de El Niño del Colmenar y Talento.
Un año destacado para Ponferrada fue el de 1952 cuando se fundó una peña taurina, bajo la presidencia de Francisco FernándezVuelta, con el objetivo de tener un coso propio, algo que consiguieron después de pagar 200.000 pesetas.
Su inauguración contó con toros de Salamanca, que fueron lidiados por los afamados Rafael Arce y Luis Verdesoto, que fue corneado gravemente. En esta plaza, instalada en los terrenos de la MSP al salir hacía La Coruña, también actuaron los novilleros Tacho Olite, de Salamanca, y Luis F. Peláez, de Talavera, Ángel Ganza, Luis Redondo o Marcos de Celis.
Animados por la afición de Ponferrada, los de Bembibre fundaron en 1964 la Peña Taurina El Viti, liderada por José María Prieto, quien, gracias a tener una buena amistad con el afamado matador, pudo traerle a torear.
Y volvemos a Ponferrada, porque en los años 60 y 70, sin la existencia de la plaza, quedó reducida la actividad taurina a las fiestas de la ciudad, con plazas portátiles situadas en el polígono de las Huertas.
Tiempos de altibajos
En los 80, se produjo un vacío solo llenado por el barrio de San Andrés, que celebró durante los primeros años de esa década suelta y encierro de vaquillas.
En los 90, se recuperaron con fuerza los festejos, en la plaza instalada frente a la zona V y en Aldama, con la presencia de toreros como Tomás
Campuzano, Vicente Ruiz “El Soro”, Rafi Camino, Jesulín de Ubrique, Manuel Díaz “El Cordobés” o Julio Norte. Incluso se celebró la primera jornada sobre divulgación de la Tauromaquia.
Por esos años, existía en Toral de los Vados la Peña Taurina La Bota, dedicada, sobre todo, a la suelta de vaquillas.
Como vemos, El Bierzo vivió con intensidad durante siglos el mundo de los toros, incluso llegó a tener Ponferrada un coso propio a finales del siglo pasado, donde torearon las primeras figuras del toreo.
(Agradecimiento: a los historiadores Vicente Fernández Vázquez, Francisco González González y José Cruz Vega Alonso por la información facilitada)
|Toño Criado.

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