PEÑA TAURINA GIJONA

PEÑA TAURINA GIJONA

11/16/2011

BETIZUS.

Tolosa.1898 plaza vieja .Toro betizu.



Pasajes 1865 toro betizu


El eslabón con la prehistoria

                                                            LEKEITIO 1960 MINUT0 11,30


Noticias de Gipuzkoa 18/07/2011


La raza de toro betizu sobrevive gracias a la afición de Joxemari Plazaola

Pasear por las laderas del monte Pagoeta, en Aia, es remontarse a otros tiempos porque en sus laderas y arbolados se encuentra el único eslabón, el enlace, el nexo vivo entre este mundo y la prehistoria, aquel toro que pintaron en las cuevas de Ekain o Karrantza. Cuando uno contempla el ganado betizu, el descendiente directo del bos taurus primigenius o uro, le dan ganas de exclamar, de gritar ¡viven! Y viven, en este caso, gracias a la afición y desvelos de Joxemari Plazaola, veterinario de la Diputación de Gipuzkoa. Ahí está el toro rojo de Euskal Herria, aquel que echaba fuego por los belfos y Aita Barandiaran describía en su Mitología vasca como guardián de la cueva de Mari, la diosa de cabellos de oro.La raza betizu o la casta navarra (el betizu de Navarra) protagonizó importantes páginas de la tauromaquia. Aquel torito rojo que Goya o Zuloaga plasmaron en sus lienzos de retazos taurinos, de cornamenta en media luna los toros, y en forma de lira en las vacas. Toros fieros, que atacaban a todo lo que se movía, que se revolvían en un palmo de terreno y se hacían molestos para los diestros. Eso les llevó a la tumba porque el toreo, las formas del toreo, cambiaron el valor por la estética a finales del siglo XIX y las primeras luces del XX.
Eso, unido al poco rendimiento cárnico de este ganado, acabó, aparentemente, con los toros y vacas de Euskal Herria. Solamente una manada de betizus sin dueño vivía en las estribaciones del monte Larrun y, cuando se construyó el tren-cremallera del col de Saint Ignace a la cima de la montaña, entre Sara y Azkaine, quedó eliminada. El toro vasco, fibroso y de sangre caliente, desapareció, mayormente, en combate, dando la cara. Algunos, muy pocos, quedaron diseminados por los bosques y montes vascos o en los sotos de la Ribera navarra. Y aquí comienza el trabajo de Joxemari Plazaola.
Veterinario vocacional, Plazaola es sobre todo un conservacionista de espíritu y un naturalista convencido, lo que explica su pasión por conservar esta raza. "La razón más importante de que me preocupa por conservar esta raza es que estos animales existen y son un importante legado cultural. Hemos heredado de nuestros antepasados, de generación en generación, numerosos bienes, algunos estáticos como los monumentos megalíticos, pinturas rupestres, monumentos recientes… Y otros vivos y dinámicos como es el euskera, nuestra lengua", asegura. "Es aquí, en este segundo grupo", continúa, "donde debemos situar la raza betizu que, pese a los esfuerzos de muchas gentes, aún se encuentra en peligro de extinción y sobre nosotros recae la responsabilidad de que no desaparezca".
Efectivamente, el veterinario navarro, de Erlegi, Teófilo Etxeberria Belzunegi, afirmaba en un estudio de investigación que "escribir sobre el ganado vacuno pirenaico resulta casi una osadía no exenta de riesgos. Se trata de una población animal cuyo origen, presumimos, es tan antiguo como el pueblo vasco. Hay que suponer que el desplazamiento de éste se vio acompañado por el de todos sus bienes, incluyendo los ganados. El euskara, o lengua de los vascos, y el vacuno pirenaico son, entre otros, restos únicos de la Europa indígena".
En pagoeta Plazaola se enteró hace algo más de 20 años de que en nuestros montes vivían ejemplares de betizus a punto de desaparecer. Lejos de su trabajo, por su propia cuenta, los fines de semana se desplazaba a caseríos, hablaba con baserritarras sobre si alguien había observado este ganado en las cercanías, buscaba rastros, información, etc. y así continúa, como si esta historia no acabara nunca. "Es un trabajo que hago muy a gusto porque, si nosotros hemos recibido este legado, tenemos la obligación de traspasar esta herencia a futuras generaciones y que nadie pueda decir el día de mañana que hace tiempo existió una raza".
Plazaola estima que en el parque natural de Pagoeta, propiedad de la Diputación Foral de Gipuzkoa, hay 37 cabezas de betizus, de las que dos son toros. En Gipuzkoa viven alrededor de 240 vacas calificadas y entre trece y quince toros también calificados", es decir, puros, auténticos. En Bizkaia hay algunas cabezas en Dima; existen también en Lapurdi, en los montes de Biriatu; en zonas de Navarra (Goizueta, Leitza y Arano), en Baztán y en Baraibar, al pie de San Miguel de Aralar...
"Desconozco la cifra total de betizus que existen en Euskal Herria", señala Plazaola, que cree que el riesgo de extinción de esta especie es "evidente". "Para garantizar la supervivencia de la raza betizu y dejar el riesgo de desaparición tendría que haber más de mil cabezas en general, y aún estamos muy lejos de llegar a esa cifra", afirma el veterinario.

Plazaola considera que las administraciones de cada territorio "deberían implicarse. Que la gente tome conciencia de la importancia de este ganado como herencia a preservar. Son animales que poseen una increíble aptitud para adaptarse a cualquier situación adversa en cuanto a clima y alimentación, por su rusticidad. Este ganado hace la labor de jardinero de nuestros montes, sí, sí,…Hay que ver, por ejemplo, cómo se encuentran los pinares y arbolados del monte Adarra, no hay jardinero que limpie el monte de esa manera".
"Si nosotros hemos recibido este legado, tenemos la obligación de traspasarlo", afirma Plazaola
Plazaola disfruta observando a las betizus -"disfruto muchísimo viéndolo, observando sus reacciones, sus "gustos", querencias…"-, y asegura que no hay un problema de consanguinidad en la reserva de Pagoeta: "Me preocupo de traer toros calificados de otros lugares. No hay problema. La variabilidad está garantizada.
El toro rojo La canción Pasaiako herritik dator notizia, zezen bat irten dela jenioz bizia…

popularizada por Mikel Laboa, nos cuenta las peripecias de un toro, posiblemente betizu, que se escapa de la plaza de Pasaia un día de Santiago. Por otra parte, el jesuita Manuel Larramendi, Aita Larramendi, (Andoain 1690-Loiola 1766), escribió sobre la gran afición de los vascos, en este caso guipuzcoanos, a los toros. Y recogió en su Corografía de la Provincia de Guipúzcoa, escrita en 1754, que "es tan grande esta afición que, como se dijo por chiste por los de Salamanca, si en el Cielo se corrieran toros, los guipuzcoanos todos fueran santos para irlos a ver en el Cielo". Y añade sobre el ganado que se utiliza en las fiestas que "en ocasiones especiales se traen toros de Castilla y de Navarra, fieros, que con su catadura sola espantan; pero en fiestas ordinarias y anuales se corren toros del país y acabada la corrida los llevan al monte y a sus caserías".
Desde tiempo inmemorial, estos animales han sido empleados en las plazas y calles de Euskal Herria para diferentes festejos taurinos. Los ganaderos subían al monte a atraparlos y, desde allí, llevarlos caminando a los pueblos en fiestas, como lo hacía, entre otros, Antonio Artetxe, Saka, padre del debarra Axensio.
Lezo 1912



En las fiestas de Goizueta, según el veterinario Plazaola, bajaban betizus que pastaban en el monte propiedad del pueblo, para sacarlas en los festejos. Como lo hacían en la localidad vizcaina de Dima y en pueblos del valle de Arratia. Aún se recuerda el dicho "Arratiko txekorra, txikerra eta gogorra".
Pero con el torito fiero vasco se han cruzado también apuestas importantes, como la ocurrida en el siglo XVIII en Amezketa. El señor Arcelus, ganadero de Ataun, dejó caer que en su pueblo había un chico "del caserío Amilleta, que no había cumplido aún 18 años", que era capaz de tumbar el toro que en ese momento se jugaba en la plaza "haciéndole tocar el suelo con su cabeza agarrándole de los cuernos". Cuando llegó el reto a oídos del dueño del toro, se presentó este ante Arcelus y "noblemente apostaron cinco onzas de oro para cada uno, con el fin de que al día siguiente el chico que trajera Arcelus jugara en la misma plaza con aquel toro". Así, cuando el toro embistió agachando la cabeza, el joven lo agarró por los cuernos y torciéndole el cuello (mancornándolo) logró "que diera con su cabeza en el suelo, ora hacia un lado ora al otro lado". Los jueces dieron por ganada la apuesta del joven.
El toro betizu se mueve en un palmo de terreno. Es bravo, celoso y duro. Javier Arrizabalaga, de Leizarran Ganadutegia (Itziar-Deba), sacó el pasado año cinco betizus a la plaza de Zestoa, que celebraba sus fiestas. Cinco betizus que dieron un juego excelente. Las reacciones de los animales fueron las esperadas. Perseguían a los toreros con tal celo que no cejaban hasta tener la presa en sus cuernos.
sokamuturra Según Plazaola, "este tipo de ganado creo que no saldrá nunca a las plazas para ser toreados con capa y muleta. Los toreros, y el toreo actual, requieren un ganado que no moleste. Por otra parte, el rendimiento cárnico es muy escaso. Pero sí valen para soltarlos en calles y plazas de los pueblos, en sokamuturra o simplemente para recortarlos, para jugar con el toro, como antaño. Son vivos, listos y se revuelven en un santiamén".
Mientras tanto, el betizu, el toro rojo de Euskal Herria, ha comenzado a verse con alguna asiduidad en las fiestas de los pueblos. Toros vivaces y listos, a los que deberán medirse jóvenes ágiles y con agallas que habrán de burlar las embestidas con el quiebro de cintura, el salto o la carrera como única arma. Ese es el juego con el toro, así es el toreo vasco por excelencia.
A comienzos de este año la ganadería de toros Reta de Casta Navarra, de Grozin, en Tierra Estella, ingresó en la Unión de Criadores de Toros de Lidia, la santa santorum, la más importante de las cinco de cabecera que existe en el panorama ganadero de bravo.
El hecho constituyó un paso importante para lo que supone el mantenimiento de la raza hermana de la betizu. Miguel Reta, además, quiere probar este ganado, posiblemente el próximo año, en novilladas sin caballos para ver los resultados y estudiar el futuro. La incógnita está en el aire…
udafestak

Históricamente el aprovechamiento de los animales de la raza Betizu ha sido para los festejos taurinos de nuestros pueblos y para el autoconsumo de la carne.

Las últimas vacas salvajes de Europa

Dos expertos publican el primer trabajo de investigación sobre las betizu, una especie en peligro de extinción

Diario el País.MIKEL MUEZ - Pamplona - 07/01/2006

Son las últimas vacas salvajes de Europa. Las betizu (vaca arisca), animal mítico de los vascos convertido en zezen gorri y behi gorri como guardián de los tesoros de las grutas donde vive la diosa Mari; vaca "huraña" en la descripción de José Miguel de Barandiarán. Un ganado genéticamente fosilizado cuyos últimos 450 ejemplares recorren montes de Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya y el País Vasco francés y que constituye por sí mismo un bien científico, ecológico y etnográfico de primera magnitud.
Los últimos 450 ejemplares recorren montes de Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya y el País Vasco francés
Dos expertos, el médico Satur Napal y Alberto Pérez de Muniáin, veterinario del Instituto Técnico Ganadero navarro, acaban de publicar el primer trabajo completo sobre esta raza de ganado en peligro de extinción. Los autores piden mayor protección oficial para las betizu y su rentabilización ecológica, científica e incluso turística mediante su inclusión en los cada día más numerosos circuitos de ocio para la observación de animales.
Las betizu están mereciendo una atención creciente. Canal Satélite Digital y ETB les dedicarán próximamente sendos espacios televisivos. El biólogo e investigador del CSIC Miguel Delibes de Castro ha visitado Navarra buscando sus rebaños. Muchos montañeros y senderistas se han cruzado con ellas y saben que en época de cría estos animales de color rojizo y 350 kilos de peso medio (500 kilos los toros) embisten para proteger a sus terneros. Sus cuernos, poderosos, evolucionan en las hembras hacia formas en lira o espiral. Toda precaución es poca aunque la vaca, huidiza, escapa del contacto humano.
Las betizu suponen una reliquia viva adaptada perfectamente al medio, dan poca carne y sólo tienen leche cuando crían un ternero cada dos años. Así, no es de extrañar que hayan vivido a su aire, sin cruces y con arreglo a las leyes de la selección natural ajenas al aprovechamiento humano.
Su origen hay que buscarlos en el ganado semisalvaje bovino presente en los Pirineos desde tiempos inmemoriales. Fue la base sobre la que los antiguos ganaderos de la ribera del Ebro crearon el ganado brazo de casta navarra que llenó la tauromaquia de los siglos XVIII y XIX hasta llegar a los renombrados carriquiris.
Cuando la especie agonizaba, en 1975, la Asociación Navarra de Amigos de la Naturaleza adquirió en Goizueta un toro, tres vacas y dos terneros y los liberó en las sierras de Zariquieta, Artxuba y Artanga, cerca del embalse de Itoiz. De aquel núcleo, hoy muy numeroso, se cedieron toros a explotaciones navarras y vascas. Con un origen similar, las betizu guipuzcoanas subsisten en el macizo de Adarra, Bajo Deba, Eskoriatza y una pequeña población protegida por la Diputación en el Parque Natural de Pagoeta (Aia).
La betizu también mantiene en Vizcaya una de sus últimas poblaciones, apenas unos ejemplares en los entornos de Gorbea y Urkiola. En este caso, la recuperación de la raza le debe mucho a Andoni Rekagorri, ex concejal de Salud y Consumo de Bilbao y actual director de Planificación, Estudios e Inspección del departamento vizcaíno de Acción Social. Apasionado de los toros, Rekagorri inició en los años setenta la tarea de localizar, adquirir y formar un rebaño en los terrenos de un caserío en Dima. En la actualidad existen seis criadores en Vizcaya (Dima, Zaratamo, Güeñes, Orozko y Amorebieta) y el número de reses supera las 50. En el País Vasco francés, no suman más de 30, relegadas a montes de Lapurdi y Baja Navarra.
"Teniendo una raza tan peculiar es chocante que las instituciones no hayan difundido su explotación turística", señalan Napal y Pérez de Muniáin, emulando, por ejemplo, al tratamiento en parques y reservas que los británicos dan a algunos de sus rebaños vacunos.
El esfuerzo protector sí fructificó en la elaboración del estándar racial de la betizu, oficializado en 1999 como paso previo a su posterior reconocimiento en distintos catálogos oficiales, como los de la FAO, la ONU, el vasco, el navarro y el español. En Navarra, los mejores ejemplares pertenecen al Gobierno, que subvenciona su cría a los ganaderos interesados.
Aún así merecerían, señalan los autores, una mayor promoción. El libro resalta las potencialidades de la raza como productora de carne, al igual que el gran valor de sus rebaños en la limpieza de los montes como factor de prevención de los incendios forestales.
La betizu es una reserva genética de la biodiversidad y ya hay quien está intentando utilizar machos castrados como cabestros para el manejo de ganado brazo. Ya se han realizado algunos intentos con muy buenos resultados. La activación de circuitos turísticos de observación es otra de las posibilidades apuntadas en la investigación, que recuerda que el parque de la naturaleza Senda Viva, sito en la localidad navarra de Arguedas, exhibe un pequeño rebaño.


Euskaldunik baldin badago munduan hori Axenxio Artetxe ganaduzalea dela esango nuke. Bai, Arriola bailarako Perla baserrian 1930ean jaiotako gizonak ezer gutxi egiten du gaztelaniaz, nik apenas entzun diot behintzat. "Nik erdaraz gutxi egiten dut gutxi dakidalako baina Madrilen, Donostiara edo Bilbora papeleotara joaten nin-tzenean ondo ulertzen zidaten…", gogoratu du, barrez.
Umetan Maria Azpeitiren eskolan aritu zen baina etxean egin beharrak zeudela eta sarritan ezin izaten zen eskolara joan. Geroago, Begoña Andonegi irakaslea euren etxean egon zen apopilo eta orduan ikasi omen zuen ikasitako apurra. Aita, Antonio, Perla baserrian bertan jaiotakoa zen; ama Elgoibarko Borrax baserrikoa zen eta aitona Joxe, berriz, Arbizko bailarako Sakabi baserrikoa. Aitona Joxe eta emaztea, Perlakua baserrira bizitzera etorri zirenean, eurekin ekarri omen zituzten Arbizko sakonetan larratzen zituzten zezentxoak.
Sakako zezenak mundu guztian ezagunak izan ziren, han eta hemen, ez zegoen herririk Lasturreko zezenak ezagutzen ez zituenik. Euskal Herri osora eta kanpora eramaten zituzten zezenak, enbolatuta ateratzeko, entzierroetan korritzeko, sokamuturrean ibiltzeko edo zezenketetan, nobilladetan hiltzeko. Orain, gaur egun, zezenak kamioietan eramaten dituzte inongo arazorik gabe, baina lehen oinez egiten zituzten herrietarako joan-etorriak: "Bai, bai, hura gogorra zen…Ohituta geunden, baina hala eta guztiz ere, lan gogorra zen. Oso goiz jaiki behar izaten genuen eta mendiz ibili behar. Bezperan, lehenik, bizpairu zezen aukeratzen genituen larrean, gero txakur eta astoaren laguntzaz zezenak hartu, etxera abiatu eta kortan uzteko, ondo lotuta. Goizean goiz, burua estali zakuekin eta hiruzpalau orduko martxa herrira iritsi arte. Sokamuturrak bukatu eta buelta, lehengo bidetik.".
Eta horrela irteera bakoitzean. "Baina bi eguneko martxak ere egiten genituen, haiek bai zirela nekagarriak! Eta askotan errepideetatik osatzen genuen ibilbidea". Azpeitira joateko egiten zuten ibilaldia hau zen: " Arriolatik Itziarrera, Aldazabal eta Zeolar inguruetatik Olazabal baserrietara. Handik Goitzibarrera jaitsi eta hortik Zestoara aldats gora, eta Izarraitzeko maldetatik Lasaora, Azpeitira heltzeko". Gaur egun beste modu errazagoan egiten da lan, errepide zabalak eta pista asfaltatuak baitaude mendi inguruetan, kamioiak erraz ibiltzeko. Axenxio ere iritsi zen lasaitasun horretara, kamioi eta beste aurrerapen guztietara.